De ganar el Festival de Viña del Mar a inspirar a los alumnos de la Universidad Finis Terrae

«Desde la DAE y Vida Universitaria, nosotros hacemos una gestión cultural comunitaria. No solamente quremos que los estudiants sean espectadores, sino que sean creadores de las experiencias», señaló Gabriela Pulgar, más conocida como «Gabigar», quien también fue Miss Chile.
Por Josefa Beltrán y Benjamín Lizana
Gabriela Pulgar es cantante, fonoaudióloga y funcionaria de la Universidad Finis Terrae. Antes de llegar a las oficinas de Vida Universitaria, construyó una trayectoria que la llevó desde el Festival de la Voz de su colegio hasta la Gaviota de Plata en Viña 2018, con un paso triunfal por Miss Chile 2011 y una serie de experiencias televisivas y artísticas que marcaron su desarrollo profesional.
Hoy, en la Universidad Finis Terrae, trabaja con estudiantes y proyectos que buscan acercar la música, la creatividad y la vida universitaria a una experiencia más comunitaria. Su historia ayuda a entender cómo alguien que se movió entre la televisión, el canto y la academia terminó haciendo de la música una herramienta de formación y acompañamiento. En diálogo con PostData, el medio de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la Universidad Finis Terrae, pulgar contó su historia.
Gabriela Pulgar y una voz que se fue formando
Desde niña, «Gabigar» (su nombre artístico) entendió que cantar no era solo un gusto, sino una posibilidad real. Su primer gran impulso vino en el Festival de la Voz de su colegio, donde descubrió que presentarse en un escenario le daba confianza y abría una puerta distinta para su relación con la música. Ese momento fue el primer paso de un recorrido que después la llevaría a estudiar fonoaudiología y a unir técnica vocal, sensibilidad artística y vocación profesional.
Su formación no se dio en línea recta. Pasó por kinesiología, luego se cambió a fonoaudiología y en ese proceso encontró un puente entre la voz, el lenguaje y el trabajo con personas. Esa combinación la ayudó a entender que podía profesionalizar algo que siempre había estado presente en su vida: el uso de la voz como expresión y como herramienta.
La ruta hacia Festival de Viña del Mar
La historia que la llevó a Viña 2018 estuvo lejos de ser lineal. Mientras estudiaba fonoaudiología, «Gabigar» se presentó a un casting televisivo para probarse como cantante y desarrollar su faceta expresiva. Más tarde pasó por The Voice y por etapas de docencia universitaria, como si su vida se moviera entre dos planos que no terminaban de calzar: la artista que quería cantar y la profesional que debía sostener una carrera más tradicional. Esa tensión, dice, la frustraba, hasta que decidió darse una última oportunidad.
Esa decisión terminó abriéndole la puerta a la competencia internacional de Viña. Presentó una canción propia y fue avanzando etapa tras etapa hasta escuchar la llamada que le cambió el rumbo: estaba seleccionada para el certamen.
«Cobarde», el hito que le dio una Gaviota de Plata
La canción Cobarde fue el centro emocional de esa experiencia. Gabriela Pulgar cuenta que se preparó mucho antes de subir al escenario, con apoyo psicológico, vocal y de coaching, para que la presión no le impidiera disfrutar lo que venía. Sabía que el festival exigía exposición, control y confianza, y por eso trabajó la escena incluso antes de pisarla.
Ese proceso también implicó cambiar la forma en que se veía a sí misma. La palabra Cobarde podía remitir a inseguridad o fragilidad, pero Gabriela decidió leerla como una etapa superada: ya no se identificaba con esa versión de sí misma. El triunfo, por eso, no fue solo una victoria musical; fue también una manera de reconciliarse con su propia historia y de comprobar que el trabajo silencioso también se ve reflejado en una escena pública.
“Me visualicé mucho el tener esa Gaviota en mi mano, visualicé que mi canción, aunque humilde, era una canción poderosa, sencilla, pero que tenía la capacidad de conectar. Me enfrenté mucho a mirar al jurado, cómo tengo que mirar a los ojos del jurado porque en verdad quiero ser valiente, aunque mi canción se llamaba Cobarde. Entonces dije, ‘no, ya no soy cobarde, la escribí en un tiempo pasado’. Entonces eso me liberó y me alejó un poco de sobreidentificarme con mi propia canción, que también es algo que los artistas siempre tenemos como que trabajar”., agregó «Gabigar».
Miss Chile y Miss Universo en Londres
Antes de Viña, Gabriela Pulgar ya había vivido otra experiencia de alta exposición: fue Miss Chile en 2011. Nunca lo pensó como un sueño inicial, pero sí como una oportunidad que podía servirle de plataforma en un momento en que la televisión abierta todavía tenía un enorme peso cultural. Lo que empezó como una jugada estratégica terminó convirtiéndose en un período de aprendizaje intenso: pasarela, entrevistas, representación pública y, finalmente, un año viviendo en Londres.
Allí amplió su formación en canto, teatro musical y técnica escénica, y hasta llegó a enseñar a otras participantes desde su experiencia como fonoaudióloga. También convivió con prejuicios, algo que reconoce como parte del costo de entrar en mundos altamente visibles y estereotipados. Pero, lejos de romperla, esa etapa le dio recursos para sostenerse con más seguridad y menos necesidad de validación externa.
Vida Universitaria en la Finis
Hoy esa trayectoria se traduce en su trabajo en Vida Universitaria de la Universidad Finis Terrae. Gabriela Pulgar entiende la música como una forma de terapia, pero también como una herramienta pedagógica y comunitaria. En sus palabras, componer le permite ordenar lo que siente, revisar su historia y resignificarla; por eso piensa que el arte no debería quedar fuera de la experiencia universitaria, sino integrarse a ella como parte del desarrollo de identidad de los estudiantes.
Desde la Dirección de Asuntos Estudiantiles y Vida Universitaria, esa visión se concreta en experiencias que buscan dar espacio a la creatividad, al vínculo entre pares y a la participación activa. Gabriela lo define como una gestión cultural comunitaria: “no solo se trata de que los estudiantes vean actividades, sino de que las construyan y las sientan propias”. Fondos, proyectos, centros de estudiantes y actividades colaborativas forman parte de esa lógica.
Uno de los programas que mejor expresa esa idea es el Festival de la Voz. «Gabigar» lo piensa como una experiencia formativa y no solo competitiva, cercana a The Voice en el sentido de que hay acompañamiento real detrás de cada presentación. En su diseño, las audiciones no son el fin del camino: vienen luego los talleres, el feedback, las etapas intermedias y el trabajo necesario para llegar a una final con preparación suficiente.
Otro proyecto dirigido por el Programa de liderazgo Eleva, en conjunto de alumnos es el Elevapalooza. Este es un espacio de música en vivo interpretada por los mismos estudiantes de la Finis, busca potenciar el desarrollo de talentos en conjunto y crear comunidades en distintas Facultades.
En ese sentido, su historia no es solo la de una cantante que ganó Viña, sino la de alguien que trasladó esa experiencia al mundo universitario y la convirtió en una forma de trabajo cotidiano. Desde Vida Universitaria, Gabriela sigue apostando por la misma idea que la llevó a cantar por primera vez en su colegio: que la voz, cuando encuentra un espacio para desarrollarse, puede cambiar la manera en que una persona se relaciona con el mundo.