Gonzalo Montaner y Guido Larson conmemoraron los 25 años del 11S en la Universidad Finis Terrae

Los expertos abordaron el impacto de los atentados a las Torres Gemelas en la Escuela de Periodismo y Comunicación. Durante el encuentro, Montaner advirtió que el mayor triunfo de Al Qaeda fue ideológico y que el epicentro del yihadismo se trasladó a África, donde las principales víctimas son los propios musulmanes.
Por Vicente Rivas Vargas
La Escuela de Periodismo y Comunicación y el Observatorio de Asuntos Internacionales de la Universidad Finis Terrae realizaron hoy un seminario conmemorativo a 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La jornada estuvo marcada por la visita del reconocido periodista internacional y excorresponsal en zonas de conflicto, Gonzalo Montaner, y del académico y doctor en Filosofía Política, Guido Larson, quienes expusieron ante estudiantes y docentes sobre las consecuencias geopolíticas, mediáticas y psicológicas que siguen moldeando la seguridad global.
En su intervención, Gonzalo Montaner —quien ha cubierto conflictos en terreno en lugares como Irak, Siria, Líbano y Ucrania— enfatizó que el verdadero éxito de los ataques no se limitó al golpe táctico en Nueva York y Washington, sino a la instauración de una narrativa global. Explicó cómo la difusión masiva de los mensajes de Osama bin Laden a través de las cadenas de televisión occidentales sirvió como un canal de propaganda involuntario que terminó por globalizar la ideología del salafismo yihadista.
Montaner y el giro hacia el Sahel africano
Montaner cuestionó la mirada “orientalista” de los medios occidentales, que continúan concentrándose casi con exclusividad en Medio Oriente mientras el epicentro real de las muertes por terrorismo se ubica hoy en el Sahel africano, en países como Mali, Burkina Faso y Níger. Asimismo, subrayó que, lejos de las generalizaciones que asocian el islam con la violencia, las principales víctimas del yihadismo en el mundo son los propios musulmanes.
Por su parte, el profesor Guido Larson analizó el fenómeno desde la psicología política y la respuesta de las audiencias. Aclaró que los terroristas no actúan como psicópatas clínicos, sino bajo marcos morales distorsionados y cosmovisiones mesiánicas, y detalló cómo los atentados despiertan dos reacciones afectivas contrarias: el miedo, que inclina a la población hacia la cautela y la defensa, y la rabia, que individualiza a un enemigo y predispone a la sociedad a respaldar represalias violentas y medidas bélicas punitivas.
Larson vinculó esta dinámica con el discurso adoptado tras el 11S y alertó sobre cómo diversos liderazgos contemporáneos apelan deliberadamente a la rabia colectiva para eludir el debate democrático y justificar políticas de seguridad de corte restrictivo.
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