viernes, 14 de agosto 2026

La fiebre de las láminas: el fenómeno que convirtió a Messi en un cromo de $130 mil

Aunque Chile no clasificó al Mundial 2026, miles de personas participan en cambiatones para completar el álbum Panini. Entre intercambios, aplicaciones y largas búsquedas, algunas figuras alcanzan precios impensados.

Por Catalina Araya

(Este trabajo fue realizado en el marco de la asignatura Redacción Periodística, correspondiente al tercer semestre de la carrera, impartida por el profesor Mauricio Ávila).

El viernes 29 de mayo de 2026, a las 17:10 horas, llegué junto a mi papá y mi hermana de 19 años hasta las afueras de Pymes and the City, en Condell 1328, Providencia. El frío de la tarde se sentía fuerte, pero bastó acercarnos al lugar para entender que ahí estaba ocurriendo algo especial. Chile no clasificó al Mundial de 2026, pero la pasión por el álbum Panini parece haber ignorado por completo esa realidad.

En la vereda había cinco mesas plegables blancas rodeadas por decenas de personas. Niños, adolescentes, adultos recién salidos del trabajo e incluso extranjeros buscaban completar sus álbumes. Todos compartían el mismo objetivo: encontrar esa lámina que faltaba.

Apenas llegamos, mi hermana abrió su caja con repetidas y comenzó la búsqueda. A nuestro alrededor se escuchaban números, nombres de países y ofertas de intercambio. Una adolescente negociaba junto a dos niños vestidos con polerones de la Universidad Católica.

La pasión por estos álbumes tiene una larga historia. Todo comenzó en 1961, cuando los hermanos Benito y Giuseppe Panini fundaron su editorial en Italia. En 1970 lanzaron su primer álbum para el Mundial de México y dieron inicio a una tradición que hoy mueve millones de dólares alrededor del mundo.

Según cifras publicadas por EMOL , la compañía proyecta ingresos cercanos a los 1.400 millones de euros durante la temporada mundialista de 2026. El fenómeno también tiene un costo importante para quienes buscan completar el álbum. Una investigación de El Mostrador señala que, con siderando un intercambio eficiente de repetidas, una persona necesita en promedio cerca de 400 sobres para terminar la colección. Comparándolos individualmente, el gasto puede superar los 440 mil pesos.

Uno de los momentos que más me llamó la atención ocurrió cuando una pareja se acercó a mi hermana para intercambiar figuras. Ambos sacaron sus teléfonos y abrieron Figuritas, una aplicación diseñada especialmente para coleccionistas. La herramienta permite registrar las láminas pegadas, las repetidas y las faltantes.

Tras escanear los códigos QR de sus perfiles, la aplicación hizo el cálculo automáticamente: tenían exactamente 42 láminas compatibles para intercambiar.

Entonces comenzó un ritual casi matemático. Los cuatro empezaron a revisar montones de figuras mientras contaban en voz alta una por una. Cuando llegaron a las 42, cerraron el trato y se actualizaron inmediatamente sus inventarios digitales. La tecnología se ha transformado en una gran ayuda para los coleccionistas, aunque todavía hay quienes prefieren anotar sus faltantes en una hoja de papel.

Más tarde intercambiamos ocho láminas con un brasileño que guardaba sus repetidas dentro de una caja de calugas La Fête. Mientras revisamos números, nos contó que colecciona todos los álbumes mundialistas desde 2010.

El personaje más llamativo de la jornada era un hombre de rasgos asiáticos que vestía un polerón rojo adidas. Sobre una mesa desplegó tres enormes carpetas de Pokémon llenas de láminas perfectamente ordenadas. Con tranquilidad contó que ya había completado cinco álbumes del Mundial 2026. Su estrategia era simple: exigía tres láminas europeas o sudamericanas a cambio de entregar una figura.

A esas alturas ya era evidente que algunas figuras se habían transformado en verdaderas joyas. Durante toda la tarde escuché personas preguntando por la lámina de Lionel Messi y por las especiales de Coca-Cola. Un coleccionista incluso comentó que había visto vender el cromo del capitán argentino por 130 mil pesos.

La fiebre alcanzó un punto máximo el domingo 31 de mayo, cuando cerca de ocho mil personas llegaron al Estadio Bicentenario de La Florida para participar en una gigantesca jornada de intercambio. En Facebook existen además más de 30 grupos chilenos dedicados exclusivamente al cambio de láminas.

Desde una esquina observaba cómo algunos coleccionistas acumulaban tres, cuatro o incluso cinco copias del arquero de Sudáfrica. Otros seguían buscando desesperadamente las figuras más difíciles.
Yo tenía una misión personal. Desde que llegamos buscamos la lámina de Julián Álvarez. Soy fanática del delantero argentino y esa era la figura que más quería conseguir.

Después de varias horas revisando cajas, carpetas y montones de repetidas, ya estaba perdiendo las esperanzas. Entonces, cuando nos preparábamos para irnos, una niña revisó nuestras figuras y preguntó si teníamos una de Inglaterra que necesitaba. Mi hermana la encontró entre sus repetidas y se la mostró. La niña sonrió y respondió: “Yo tengo un Julián Álvarez”.

El intercambio se hizo en segundos. Cuando tuve la lámina en mis manos, sentí la misma alegría que había visto durante toda la tarde en decenas de personas. No era solo un pedazo de papel. Era el final de una búsqueda, una historia para contar y la prueba de que, aunque Chile no esté en el Mundial, la pasión por el fútbol sigue encontrando formas de reunir a miles de personas alrededor de una simple lámina.